WhatsApp, Telegram, bulos

Va una afirmación que, tal y como se van sucediendo las cosas, se hace más verdad con cada segundo que pasa: El periodismo de verificación es justo y necesario.

El periodismo de verificación es un elemento clave en la lucha contra la desinformación. Pero no puede ser el único. Entre otras cosas por lo siguiente: En un estudio reciente (2016), se puso de manifiesto que algo menos de la mitad de las personas que visitan webs con contenidos falsos visitan también webs dedicadas al fact-checking. 

De hecho, el recorrido del desmentido en nada se parece al recorrido del bulo inicial. En el mismo estudio, solo 3 de las 111 personas que consultaban webs de desinformación vieron alguno de los bulos contrastados después con la información precisa ofrecida en alguna de las webs dedicadas a la verificación.

Las iniciativas de fact-checking no llegan, de forma habitual, a las personas que consumen fake news. Es lo que se ha dado en llamar la “cámara de eco”. En relación a ella, el periodista e ingeniero informático Manu Garrido escribía en un artículo publicado en CTXT:

No es casualidad que quienes comparten las publicaciones de Maldita.es, Newtral y otros portales sean en su mayoría periodistas y personas informadas que ya saben de qué va la película. Personas con cierta capacidad para distinguir entre lo que es real y lo que es paródico, fake o, simplemente, viral. El efecto, en definitiva, es el mismo que el de una cámara de eco: en muchos casos, nos encontramos a nosotros mismos compartiendo comprobaciones de las que ya somos plenamente conscientes. 

Hasta aquí, más o menos, iba a llegar la introducción. Pensaba pasar después a justificar el valor de iniciativas como Ciberespect, Desactiva o Está en tu mano porque dotan a la lucha contra la desinformación de elementos cualitativos que complementan al periodismo de verificación.

Pero la máquina de desinformación avanza implacable estos días (abril 2020) y tanto Maldita.es como Newtral han sido objeto de un ataque a base de fake news. Este ataque merece ser atendido con atención.

El periodista que protagonizó la sentencia firme nº 125/2019, de fecha 18 de julio de 2019 que concluye, entre otras cosas, que publicó una entrevista que “jamás fue concedida” escribió recientemente en su cuenta de Twitter:

“La lista de los censores mayores del reino @Newtral y @malditobulo. Verificadores de la izquierda que son los que deciden qué censurar en Whatsapp. Un escándalo”.

Si hubiera un manual de cómo fabricar un bulo, que lo habrá, enseñaría a (1) poner un titular alarmante, (2) muy importante: añadir una imagen con cifras y sin contexto para que parezca que la cosa es científica y (3) arrojar a la audiencia a la trinchera ideológica para que la objetividad no tenga ninguna vela en ese entierro. También es necesario que la acción sea coordinada y que la noticia falsa se repita mucho, en distintos canales, por personas diferentes, generando un ruido que complique distinguir el mensaje para que solo llegue el grito de trazo grueso.

A veces, la mentira es de tal calibre que los desmentidos llegan desde sitios inesperados. En este caso, desde el periódico en el que sigue trabajando el periodista:

La semana pasada, WhatsApp decidió dar un nuevo paso en otro intento por frenar la difusión de bulos. La red social puso en marcha a nivel internacional, no solo en España, un límite al reenvío de mensajes. Una acción que en ningún caso prohíbe reenviar archivos, fotos o audios, simplemente evita que, si se trata de un documento que proviene de varios reenvíos, no se pueda volver a reenviar a varias personas a la vez.

Ese mismo periódico en esa misma información calificaba la acusación de censura de bulo y añadía parte de un comunicado de WhatsApp: «[el nuevo límite de envío] no está relacionado de ninguna manera con las organizaciones de verificación ni con la ‘censura’, y cualquier afirmación que sugiera lo contrario es 100% falsa».

El límite en los reenvíos que ha puesto en marcha WhatsApp supone un contratiempo para quien quiera usar esa red social para difundir masivamente determinados mensajes. No es una cuestión de censura, es una cuestión de pragmatismo publicitario. La cantidad es importante en estos casos.

De repente, algunas de las características de Telegram se han vuelto más que necesarias para la propaganda política: Telegram permite que se reenvíen los mensajes cuantas veces se quiera… …no impone límites a las personas que pueden estar en los grupos… …persona o institución puede enviar cuantos mensajes quiera sin límite de personas…

En este caso, el bulo de la censura en WhatsApp, con su poco de odio político y personal (se señaló mucho, en una deriva más que grave, a una de las personas al frente de uno de los verificadores de información recomendados por WhatsApp), funcionó como una estupenda campaña de marketing. Se quería que mucha gente hiciera una cosa en concreto y se consiguió. No importa que fuera a través de una mentira. Cibernética brillante e inmoral. 

Así, esta entrada que estaba pensaba para señalar los huecos que deja el periodismo de verificación en la lucha contra la desinformación va a acabar tal y como empezó: señalando la importancia del periodismo de verificación. Los ataques al mismo son ataques ideológicos y que la verdad no guste no es suficiente para desacreditarla.


Imágenes: Capturas de pantalla a gran resolución del «Big Hex».

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