Teorías de la conspiración y COVID-19: Ha sido Ra’s al ghul

Epidemia de gripe USA 1918

Tendría su gracia que aquí, donde me proponía reflexionar sobre la desinformación para combatir la posverdad, hablara de una conspiración en la tercera entrada del blog. Así que no diré nada sobre el hecho de que X haya sido la responsable del COVID-19 para esto o lo otro.

Hacemos planes increíbles para salir a tirar la basura

Ayer, en mi llamada diaria de las ocho de la tarde a mi padre, le conté una teoría de la conspiración que había pensado yo solito. Un rato antes, mi hermanica pequeña me había preguntado qué cosas han cambiado desde el confinamiento. Antes, lo mejor que sentía ante un teléfono era pereza. Ahora, acabo el día con afonía pero solo quiero hablar. Volviendo a la conspiración, le conté lo que había pensado.

Mi padre y yo nos entretenemos mucho con estas cosas. Estas cosas, se podrían definir como un plan secreto orquestado por personas u organizaciones secretas que trabajan conjuntamente para alcanzar alguna clase de objetivo siniestro a través del engaño. Secretas o no tanto.

Un poco después, hablé con mi madre. Me ha llegado, me dijo, una de esas cosas de la conspiración por WhatsApp y no suena muy descabellada. A continuación, mi madre me contó exactamente lo mismo que yo le había contado a mi padre. La mía era un poco más elaborada y consistente, por supuesto, pero básicamente apuntaba a lo mismo.

Y si la mía era un poco más elaborada es porque estaba basada, en este caso de forma explícita, en mi subjetividad. Volveré sobre esto en futuras entradas del blog.

No escuchamos a los pájaros pero toda clase de sonidos nos avisan de que nos (vídeo)llaman

Las teorías de la conspiración alrededor del COVID-19 son ya una forma más de entretenimiento en estos tiempos de confinamiento. Pero no se trata de un entretenimiento neutro. O, en todo caso, no es momento de que nos entretengamos con estas cosas.

Las teorías de la conspiración son una parte primordial de la desinformación. Una categoría de fake news. Tal vez la más popular. En estos momentos en los que la información es vital, en el sentido literal de la palabra, habría que contener todo aquello que nos lleve a más confusión.

La gente que se siente vulnerable e impotente es (somos) especialmente proclive a creerse este tipo de teorías y a, claro está, propagarlas. De la misma manera, si esa teoría nos habla directamente, si somos parte de la confabulación habrá cierto recrearse morboso en la misma. Así lo afirma John Cook, investigador de la George Mason University, en su libro “The Conspiracy Theory Handbook”.

Estamos en un momento que, a escala planetaria, la vulnerabilidad y la impotencia campan a sus anchas. Estamos en un momento que, a escala planetaria, todas las personas estamos directamente concernidas por lo que está pasando. Así que, es la fiesta de las teorías de las conspiración. Barra libre para que todo acabe siendo verdad.

Usamos verbos nuevos como racionar

Estas teorías tienen geolocalización. Lo que aquí nos pasamos por WhatsApp diciendo de X ha provocado Y para derrotar a Z allí es que Z ha provocado Y  para derrotar a X. Ahora, lo que necesitamos en cooperar, en nuestra calle y barrio, en nuestra ciudad, nuestra comunidad autónoma, nuestro planeta. Y estamos viendo cómo son algunos gobiernos los que difunden sin vergüenza alguna esta clase de teorías que en nada ayudan a que nos concentremos en salir de esta, en trabajar codo con codo.

Al igual que pasa con todo lo relativo a la desinformación, la mejor forma de actuar es prevenir a la gente contra los bulos y etcétera. Una vez difundida la mentira, es realmente complicada anularla. La ciencia, los datos, se muestran ineficaces. Que ha quedado demostrado el origen natural del COVID-19, ¿y a mí qué? 

No va a ser la mejor de las analogías pero no estaría de más que cada cual desde su teléfono o desde su ordenador procurar cortar la cadena de difusión. Silenciar el ruido que no nos puede confundir en estos momentos críticos. Es por ello que aquí hay algunas palabras en forma de letras mayúsculas. No es censura, es que no es necesario recrearse en los detalles truculentos de la teoría de turno (todo por la audiencia) para luego decirle al público: Circulen, aquí no hay nada que mirar.

PD: No existen los pozos de Lázaro así que, cuidaos, quedaos en casa si podéis, lavaos las manos, no dejéis de llamar por teléfono a las personas amadas.


Las imágenes son de aquí: America during the 1918 Influenza Pandemic.

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