Las nuevas vacunas y la libertad de siempre

Las vacunas ya eran una cuestión complicada antes de la actual pandemia de Covid-19. Eran, autismo mediante, uno de los puntos calientes de los debates acerca de las fake news, los bulos y la desinformación. Quienes no las quieren para sí ni para las personas a su cargo, esgrimen el argumento de la libertad. ¿Un argumento multiusos? Van unas reflexiones sobre el asunto, quizás no con el enfoque esperado.

Se nos rompió la libertad de tanto usarla

Las palabras, como le pasó a Rocío Jurado con el amor, se pueden romper de tanto usarlas. Las palabras se rompen cuando pierden su significado o cuando lo confunden tanto que ya nadie sabe de qué habla cuando las pronuncia.

Hay confusiones que no entrañan mayor gravedad. Hasta puede resultar divertido y motivador enfrentarse a la polisemia, los juegos de palabras, el argot o las variedad regionales. Una vez, mi pareja, que no es de Murcia, me pidió que comprara pasteles. Yo, que soy de Murcia, donde pastel solo entiende una acepción, compré pasteles… de carne. Cuando vio lo que le traía, no daba crédito.

La babel que no nos sienta bien

Si yo ahora dijera que necesitamos que las palabras tengan un solo significado, rozaría lo totalitario. No hace falta tal cosa. Y, sin embargo, algo de consenso no estaría mal.

“Libertad” es ya de esas palabras que se emplean para una cosa, para su contraria y para la variedad infinita de opciones que hay de por medio. Cuando pasa algo así, lo habitual es que se imponga la acepción mayoritaria, la que nos llega (de forma directa, como subtexto o como evidente moraleja) en la mayoría de mensajes que recibimos. Esto es, se impone la acepción del término que mejor casa con el modelo organizativo que nos gobierna.

Así, libertad es, casi en el sentido más estricto de la palabra, libertad de mercado. Soy libre porque puedo elegir entre comprarme unas zapatillas Kelme o unas Tórtola. De hecho, soy libre para poder comprarme unas zapatillas Kelme o unas Tórtola. Y poco más.

Puedo pensar que la libertad llega más allá pero… no, no llega. No puedo escaparme de los horarios escolares, de la obligación de trabajar, de la normalidad que nos imponen, de pagar impuestos indirectos a la par de que quien sea mucho más rico que yo, de elegir solo entre la variedad que me ofrece el mercado. Esta libertad, la única a nuestro alcance, lo es de forma subsidiaria. Primero tienes que tener dinero, luego, ya si eso, podrás ser libre en el mercado ubicuo.

Las vacunas y la libertad… de mercado

Al mercado no le basta la ubicuidad que tiene. Nunca le bastó y, tumor de siglos, quiere crecer y crecer. Los derechos más fundamentales también deben pertenecerle. Ahora, si no tienes dinero y vives en la Región de Murcia, te toca lidiar con el invento de la semipresencialidad en los centros educativos. Pero si tienes dinero, no pasa nada, pagas una academia para los días que tus criaturas no tengan cole o instituto. La retahíla de ejemplos se haría interminable, más si cabe en época de pandemia.

Las vacunas ya han entrado de lleno en el mundo del mercado. No es algo nuevo, ya lo estaban. Una conversación habitual en la puerta del cole de las clases de Infantil era si le ibas a poner a tus criaturas tal o cual vacuna que no cubre el seguro. Pero, ahora, con una oferta y demanda desquiciada, los efectos del mercado sobre la vacuna pueden ser preocupantes.

vacunas

Tres complicaciones mercantiles 

Por una parte, las prisas. Las vacunas tienen que estar ya, no importa cuántas veces nos avisen desde la ciencia que estas cosas llevan tiempo. Vivimos cada vez más disociados: no nos fiamos de la vacuna rusa porque la han tenido lista en un periquete y caemos en el mayor de los desánimos porque Oxford ha tenido que echar el freno (el parón, anunciado con dramatismo total, fue finalmente de 3 días, apenas 72 horas).

Por otra parte, la distribución. En este mundo que nos ha tocado vivir, la distribución suele ser la parte más delicada del mercado, donde más fallos hay, donde más abusos. Véase, sin ir más lejos, lo que vale la fruta en el bancal y lo que vale en la tienda. O el 8-10% que se lleva quien escribe un libro frente al 50-55% que se lleva la distribuidora. En este caso, señalaría como una circunstancia que se va a dar el que quien más tenga, antes podrá vacunarse. Algún canal de distribución se abrirá por la sanidad privada o por donde alga falta, toda clase de influencias se pondrán en marcha para saltarse la cola que espera. Porque esperar es de pobres.

Y como tercera parte, que es lo que en realidad quería señalar en este texto, una nueva expresión de la verdadera libertad: salir con la tarjeta de crédito al mercado y poder elegir. El sistema público de salud ofrecerá una vacuna pero el mercado estará abierto a muchas de ellas. Habrá vacunas del montón y habrá vacunas premium, golden, platino o como decidan llamarlas. Las primeras, acabarán desprestigiadas por este o aquel motivo. Las segundas, serán objetos de consumo solo al alcance de quien realmente las merezca y las pueda pagar.

Libertad en el bazar de las vacunas

Nunca antes se siguió con tanto detalle la puesta en marcha de un producto. La demanda se ha llevado hasta niveles extraplanetarios. La campaña de publicidad está hecha por los siglos de los siglos. Y habrá para todos los gustos. 

Quienes quieran acercarse al sol que más caliente, optarán por la Ad5-nCoV china y su imperio naciente. Quienes sean negacionistas pero no del todo, elegirán la rusa porque ya se sabe que los hackers rusos nos convencen de lo que quieran. Serán hackers pero son nuestros hackers. Quienes quieran mantenerse al pie del cañón de los verdaderos valores capitalistas le darán su dinero a Pfizer, Moderna y MSD que ya dijeron en público que son muy de dejar que el mercado fije los precios. Quienes sean fieles al buen champú, seguirán confiando en Johnson & Johnson, su marca de siempre. Y así un largo etcétera porque la verdadera libertad no tiene límites.


Imagen destacada: Vacunación de la gripe, 1971.

Imagen 1: Personal médico durante una vacunación, 1964.

Imagen 2: Vacunación de la polio, 1955.

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