Infodemia: más vale poco bueno que mucho (bueno o malo)

infodemia

En el artículo dedicado a la desinformación y la aporofobia, aparecía la idea de sindemia relacionada con pandemia; este artículo incorpora un nuevo término construido a partir del pueblo, de la gente: infodemia. Según la define la OMS, la infodemia es sobreabundancia de información, que puede ser correcta o no, durante una epidemia.  El matiz no es banal y volveremos sobre él más adelante.

Infodemia superheroica 

Antes de entrar en faena, contaré una pequeña anécdota personal.

Hace unos años, la Biblioteca Regional de Murcia puso en marcha una comicteca. De pronto, el paraíso había tomado forma en la Tierra y al lado de mi casa. Me dejé una tarde libre de obligaciones y allí que me fui imaginando que leería un montón de tebeos. Pero cuando vi todas esas estanterías a mi disposición, me bloqueé. Voy a leerme este, dije. Pero mientras iba a cogerlo, vi otro: No, mejor leo este. Pero entonces veía otro y otro y otro… Así estuve, sin ser capaz de leer nada, hasta que se me hizo la hora de irme.

Las siguientes visitas fueron tres cuartos de lo mismo. Tiempo perdido en la sobreabundancia y la incapacidad de decidir. La OMS, en relación a la infodemia, dice también que “hace que sea difícil encontrar fuentes fiables y orientaciones fidedignas cuando se necesitan. Incluso cuando se tiene acceso a información de calidad, sigue habiendo obstáculos que deben superarse para adoptar las medidas recomendadas”.

infodemia superheroica
Foto de carm.es

Primero infoxicación, después infodemia

El problema que representaba el exceso de información está encima de la mesa desde hace mucho tiempo. En 2012, por ejemplo, la Fundeu afirmaba que infoxicación era un neologismo adecuado en español.

Infoxicación era la “sobrecarga de información difícil de procesar”. Ese fenómeno ha ido creciendo a la par que las tecnologías de la información y la comunicación y las redes sociales, cómo no. 

Metainfodemia

Los contenidos se multiplican que es una barbaridad. Eric Schmidt, actual presidente de Alphabet Inc., dijo, hace años, que la Humanidad había creado hasta 2003 una cantidad equivalente a 5 exabytes y, añadió, que ahora esta cifra se genera cada dos días. Un exabyte (EB) equivale a un millón de terabytes (TB). Un terabyte son 1000 gigabyte. Wikipedia ronda los 10 GB.

Las cifras ofrecidas por el ex CEO de Google parecen ridículas en la actualidad: en 2011, se producía en una semana la misma información que en todo 2002. Ahora, en plena pandemia y tras todo lo ocurrido durante los confinamientos a lo largo del planeta, la cifra tendrá unas dimensiones que la harán, si cabe, más difícil de entender. No tiene sentido continuar con este asunto pues acabaría siendo un texto infodémico sobre la infodemia.

Burbujas y algoritmos

Como usuarios, tampoco nos lo ponemos fácil. Según el “Estudio anual de redes sociales en España 2020”: utilizamos una medida de 4,5 redes por usuario, prácticamente 1 más que en 2019 (3,7). Solo una red nos daría información más que suficiente para entretenernos todo el día (y la noche). 

Conviene recordar que el uso (y abuso) de las redes sociales tampoco nos asegura que la información a nuestro alcance sea plural. No podemos encontrar consuelo en que, bueno, nos infoxicamos pero con diversidad. Aquí entran en juego dos elementos determinantes en los procesos de desinformación y que merecerán atención en próximos artículos: las burbujas informativas y los algoritmos de las redes. 

Una frase, o dos, para no dejar el tema de cualquier manera: los algoritmos están diseñados para darnos lo que más nos motiva. Lo que más nos motiva es aquello que coincide con nuestros gustos e ideas, por lo que, da igual cuantas redes tengamos, acabamos consumiendo siempre el mismo tipo de contenido. 

Murphy se alía con la desinformación y la pandemia

El exceso de información y de contenidos nos había colocado ya en situaciones poco deseables desde un punto de vista del pensamiento crítico. Teniendo tanto a nuestro alcance, acabábamos por pasar, en el mejor de los casos, de puntillas por aquellos contenidos que hubieran requerido de lecturas o visionados reposados. En el peor de los casos, el más habitual porque la tostada siempre cae por el lado de la mantequilla, informaciones o reflexiones válidas e interesantes para la conversación pasaban de largo en el alud permanente de gigas, teras y exas.

Las fake news o las teorías de la conspiración no son nuevas, ya existían en tiempos de la infoxicación e incluso siglos atrás. Pero vivimos en un de mal en peor que no cesa. Ahora, los bulos son continuos y las teorías de la conspiración influyen como nunca en los procesos electorales. La pandemia se ha colocado, por si no tuviéramos bastante, en el centro de los procesos de desinformación y es la salud (individual, comunitaria, mundial) lo que está en juego.

Porque, además, las noticias falsas, ayudadas por aquellos que las construyen, por los algoritmos y por determinados mecanismos psicológicos universales, llegan más lejos, más rápido y con más fuerza que las informaciones veraces. Su capacidad de propagación es 70% mayor que la de otras noticias.

Así, en el actual contexto de infodemia, estamos sobrepasados por el exceso de información al mismo tiempo que las informaciones que más y mejor llegan no son necesariamente las correctas.

Murphy y la infodemia

De la infodemia a la desconexión informativa

En su libro “Desinformación y pandemia: La nueva realidad”, Raúl Magallón Rosa cita un estudio de la empresa Comscore según el cual el consumo de información a través de redes sociales aumentó notablemente durante la pandemia: alrededor de un 50%. Igualmente, según la empresa Smartphone Analytics esta vez, el uso del teléfono móvil aumentó un 38%.

Esa fase de ascenso en el consumo de información y redes sociales fue seguida, tal y como explica Magallón por una fase de fatiga y desconexión informativa. Tal vez como mecanismos de compensación, no nos quedó más remedio que huir de determinadas noticias o fuentes de información. 

Considero que no es descabellado pensar que esta desconexión con la actualidad puede tener relación con una relajación en la percepción del peligro en el que todavía andamos inmersos por culpa de la Covid-19. Relajación en la percepción del peligro que conlleva una relajación en el cumplimiento de las medidas adecuadas para combatir la pandemia.

Infodemiología

La infodemia, de nuevo la OMS, no se puede eliminar, pero sí gestionar. Para ello, a comienzos de este verano (2020) organizó la Primera Conferencia sobre Infodemiología (ciencia de gestionar infodemias). 

La infodemia, no por nada es un concepto paralelo a la pandemia, se mueve también en una curva similar a la de la Covid-19. Así sucede igualmente con las fake news, elemento central de las infodemias. 

Las similitudes entre el contagio y propagación biológica y la social hace que cobre mucha importancia ya no solo la acción temprana sino la prevención. En ese sentido, hay algunas acciones a nuestro alcance. 

Una de ellas, consistiría en seleccionar algunas pocas fuentes de confianza. No se trata de encerrarnos, todavía más, en una burbuja informativa. No hay que informarse solo desde un sitio pero sí aspirar a conseguir que aquellas informaciones a las que accedamos, desde nuestras redes sociales o al consumir medios de comunicación tradicionales, sean informaciones rigurosas, sin necesidad, eso sí, de que comulguen con nuestro punto de vista, creencias y formas de pensar. 

Fuentes de confianza y en cantidades que nos resulten manejables. En cuestiones de información, más vale poco y bueno que mucho y malo, incluso que mucho y bueno.

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