Esto iba a ser un TFM y ahora… (I)

fake news pulitzer

Esto iba a ser un TFM. Iba a ser un proyecto de reflexión, análisis y propuestas sobre la desinformación, las fake news, los bulos, la posverdad y etcétera. Iba a ser un página web con varios apartados con títulos tan sugerentes como “Hic sunt dracones”. Una página web en la que volcaría todo lo que sé de diseño e imagen corporativa. Una página web llena de contenido propio elaborado con lo mejor de mi escritura siguiendo con escrupulosisad de buen estudiante todas y cada una de las indicaciones SEO. Una página web que sería el centro de gravedad de tres redes sociales: Facebook, Twitter e Instagram. Cada una con su propia personalidad, cada una con sus propios códigos, imágenes optimizadas por doquier. 

The Fame Monster

Tenía un título perfecto y un dominio comprado. Tenía ya un logo. Tenía ya un lema. Tenía la paleta de colores y la plantilla de WordPress. Tenía los primeros contenidos curados. Tenía una red de contactos y un estudio detallado de las keywords. Fake news es un término confuso, cada vez se pone más en duda, pero, qué demonios, se busca mucho más que bulos o posverdad. Todo por el tráfico. Seguidores en mis redes. Salir en la primera página de Google porque, todo el mundo lo sabe, si nos sales en la primera página de Google, no existes. Y yo quería existir.

Transportes Ferroviarios de Madrid 

Había ordenado el Drive con carpetas precisas. Pasé horas discutiendo conmigo mismo acerca de la forma más conveniente de formular mis objetivos. Factibles. Mesurables. Tanto seguidores durante el primer trimestre. Tantas publicaciones a la semana. Bla-bla-bla. Un calendario de publicaciones estaba listo para ser usado. Me había quedado monísimo con sus colores y tipografía sans serif. El cuadro de mando estaba impaciente por empezar a recoger KPIs. Vale, estaba hecho a partir de un plantilla de esas que te dan a cambio de tu correo pero es que el Excel no es lo mío. KPIs. Indicadores claves de rendimiento. De qué cosas nos preocupábamos antes.

TransForMice

desinformación

El primer artículo, porque iba a empezar por todo lo alto, iba a estar ilustrado por una imagen convenientemente libre de derechos. Una imagen de hace más de un siglo en las que varias personas corrían de acá para allá en una caricatura que denunciaba el periodismo amarillo que hacía Joseph Pulitzer. El mismo. Ese que ahora da nombre a los títulos más prestigiosos del periodismo moderno fue un portento en esto de la desinformación. De esos barros estos lodos. O al revés. Que nunca he sabido cómo era la cosa. La gracia de la viñeta es que siendo de hace un siglo ya aparecía la expresión Fake News. No hemos inventado nada nuevo. Solo lo empeoramos.

El primer artículo se iba a titular “Emergencia climática en el ecosistema de las fake news”. ¿Alguien se acuerda de cuando la emergencia era climática?

fake news

Teatro para el Fin del Mundo

El quid de la cuestión, lo que más me había costado, lo que marcaría un antes y un después en mi carrera de, digamos, autor, iba a ser la línea editorial. Tenía previsto ser constructivo, templado, amable. Una discreta declaración de compromiso con los Derechos Humanos pero nada de bilis contra los gañanes negacionistas del cambio climático o los bárbaros antivacunas. El yo, mi inestimable ombligo permanecería al margen de todo esto. A nadie le interesan ya tus mierdas, me dijo una vez uno de mis cuñados. Os quedaríais muertas si os dijera quién es.

Esto iba a ser un TFM y ahora, cuando final se ha convertido en un adjetivo terrible, cuando nuestras vidas han quedado guardadas en modo borrador, cuando la cotidianidad es solo melancolía, ahora ya no sé qué será. Solo sé que tiene que ser. Algo. Lo que sea. Pero tiene que ser.


Imágenes: Yellow Journalism: The «Fake News» of the 19th Century

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