Fake news: más rápido, más alto, más fuerte

El siguiente párrafo, el el que ya se ponía de manifiesto que las fake news habían hecho suyo el lema olímpico para difundirse más rápido, más alto y más fuerte, lo escribí antes de la pandemia:

Al mismo tiempo que proliferan las iniciativas dirigidas a anular las fake news, que los gobiernos toman cartas en el asunto frente a los bulos y que las mismas redes sociales parecen comprometerse en el control de la desinformación, el avance de la posverdad parece imparable. Y pintan bastos: el 86% de la población española se cree / nos creemos las fake news

Esto que sigue, también:

En el tiempo que se etiqueta una información como fake news, el daño ya está hecho. Las noticias falsas se mueven mucho más rápido que las verdaderas y llegan a más personas pues tienen una capacidad de difusión muchísimo mayor.

Habrá que buscar un momento cuando todo esto pase o cuando, al menos, la curva finalmente decrezca y el ruido atronador se calme un poco para actualizar los datos. 

Igual nos curamos de espanto y el 86% de crédulos nos convencemos de que no es oro todo lo que reduce. Igual nos atrincheramos en nuestros rincones sin ventilación y dejamos que la reflexión y los datos nos reboten. Inmunes a lo que haga falta.

Lo que sí parece una evidencia es que las fake news seguirán llevando por bandera el lema olímpico: Más rápido, más alto, más fuerte

Más alto

Una investigación realizada sobre rumores desatados en Twitter desde 2006 a 2017 concluyó que las noticias falsas alcanzan a muchas más personas que su desmentido correspondiente. Mientras que el 1% de las fake news podía extenderse hasta entre 100.000 personas, la noticia verdadera raramente llega a más de 1000.

Más rápido

Ese mismo estudio concluía también que: Las mentiras políticas corren como la pólvora y alcanzan a más de 20.000 personas casi tres veces más rápido de lo que tarda el resto de noticias falsas en llegar a 10.000 individuos. 

Más fuerte

Aquí no hay datos sino una valoración meramente subjetiva. Ténganse en cuenta que la subjetividad también forma parte del conocimiento.

La capacidad de tocar fondo de las fake news no conoce límite. Sean bots o sean personas con responsabilidad política, social o mediática se miente sin escrúpulos de ninguna clase. Estos días estamos viendo ejemplos de todo tipo.

La desfachatez con la que se falta a la verdad también es sorprendente. Y da igual si lo que se pone en juego es la salud de quien se crea el rumor o la cantidad de votos que se aspire a conseguir. 

De hecho, es tanta la ruindad a la que la mentira puede llegar que en este hilo de Twitter se puede ver algo que podría catalogarse de inaudito: seguidores de un partido diciéndoles que se han pasado de la raya (en este caso, no se trata de un bulo en sentido estricto pero sí de un enfoque de la realidad tan extremo que se vuelve falso hasta decir basta. Un enfoque basado en la manipulación de una fotografía de la que no tenían los derechos y que el propio autor ha pedido que se retire).

Fake news olímpicas

Las tortugas de la verdad

Maldita.es lleva su balance de bulos (a fecha de 6 de abril del año 1) por 367 (a fecha de 25 de septiembde del año 1) por 758. Y parece que no van a dar a basto si tenemos en cuenta informaciones recientes: El subdirector general de Logística e Innovación de la Policía Nacional, José García Molina, ha alertado este domingo en rueda de prensa de la creación de 1,5 millones de cuentas en redes sociales relacionadas con el COVID-19 que están dirigidas exclusivamente a «manipular o crear contenido spam». 

El panorama no es halagüeño. Pero nunca lo fue. Además, no es momento para el desánimo.

Permanezcamos fieles a la consigna olímpica que titula este artículo. Aspirando, eso sí, a vencer en el resultado final. Como si esto se tratara de un decatlón.

El checked fact no es más rápido que el fake news. El desmentido no llega más alto que el bulo. El dato preciso no es tan fuerte como la mentira. Pero, dejemos que los periodistas empeñados en desmontar la desinformación continúen contrastando fuentes y desvelando el engaño. No dejemos de sumar puntos incluso en las pruebas en las que vayamos a perder con toda seguridad.

Procuremos, además, competir en otras pruebas. Afilemos la jabalina con una razonamiento preciso para lanzarla más allá del límite esperado. Entrenemos el medio fondo de la reflexión para aguantar más allá de la salida explosiva. Perfeccionemos la técnica de salto para esquivar los obstáculos que nos lancen las redes sociales a cada paso.

Y si nos toca ser la tortuga en vez de la liebre, apretemos los dientes, acomodémonos dentro del caparazón y demos un paso tras otro.  

Además, también puede acabar pasando que a la mentira se le vaya la mano con el dopping y hasta el juez más imparcial acabe por descalificarla.



Foto 1: aquí. Foto 2: aquí.

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