Esto iba a ser un TFM y ahora… (II)

planeta mun

Precisamente ahora que no estamos para improvisar es cuando no nos queda más remedio que improvisar. Así, con unas dimensiones ridículas en el momento actual, mi TFM ha saltado por los aires. No es un lamento. No es una oportunidad. Es solo una frase con ínfulas de efectismo.

Trato los objetos que entran a casa con cuidado de Tedax

Nunca me he llevado bien con las improvisaciones… o, al menos, eso dicen. En mi fuero interno, nunca he estado conforme con esa afirmación. Es más, nunca he estado conforme con ninguna afirmación que suponga que yo no sea bueno en algo. Tal vez mi sobrina piense que me he olvidado como si tal cosa que hace unos meses me dijo que (yo) no tocaba bien la guitarra. Me da igual que mi sobrina tenga cuatro años y más razón que una santa.

No digo que no me sienta cómodo pergeñando planes. Los he maquinado incluso diabólicos aunque luego resultara que mis maquinaciones fueran de cartón piedra. Me gustan los horarios y cumplirlos a rajatabla. El verano pasado, por ejemplo, me levantaba todos los días a las siete y desayunada asomado al balcón de nuestra casa de alquiler mirando al mar. Tan bucólico como cierto. Leía fanzines anarquistas en un apartamento claramente por encima de mis posibilidades. Mis contradicciones, agujeros negros a los que solía mirar lleno de vértigo, han dejado de molestarme.

A las seis de la mañana, sin falta, nos despertamos, sin querer, y hablamos para consolarnos

Me gusta lo previsible. Saber que cenaremos los cuatro a las nueve viendo un capítulo de The Big Bang Theory. O del príncipe de Bel Air. O de Watchem. O de Ru Paul. Saber que los miércoles se cierra la entrega de respuestas en los foros del máster. Que los martes y los jueves me quedo a comer en la oficina y salgo a las seis de la tarde. Que los domingos, un rato antes de comer, D. y yo nos daremos dábamos un paseo por el camino verde del Campus de Espinardo.

Eres muy cuadriculado. Eres como tu abuelo Antonio. Eres muy alemán, me decían con un poco de ese racismo que tira por elevación. No sé, yo siempre he sido más anglófilo que otra cosa. Por otra parte, y ahora que ya me manejo bien leyendo en inglés, puede ser que haya llegado el momento de aprender alemán, como me dijo Patricia, y poder llegar así algún día a poder leer a Marx, Freud, Nietzsche en versión original. Puros. Sin cortar.

A veces, pienso en los adolescentes enamorados

Pero yo he venido aquí a hablar de mi TFM. 

Con cierto pudor pero había hecho un business plan. Ya puesto, no estaba de más aprovechar el TFM para abrir una vía de ingresos. Un poco de Business Model Canva, un poco de plan de marketing, un poco la lechera del cuento.

El Banco de España, en un ejercicio de previsión inesperado, Dios les guarde su sabiduría, ha advertido de las consecuencias económicas de la pandemia, del confinamiento, del bicho. Debería estar preocupado por el futuro. De hecho, estoy horrorizado pero el miedo al presente me impide ser consciente de otros horrores. Debería estar ya buscando opciones por lo que pueda pasar. Pero, de momento, no será aquí.

Aquí, en los cimientos de un TFM que será distinto, solo voy a escribir. Voy a escribir porque es lo que necesito. Voy a escribir porque me lo ha pedido mi madre. Voy a escribir porque a Simón le encanta lo que escribo. Voy a escribir porque es mi forma favorita de estar vivo.


Imágenes: Phenomena Over and Under the Earth (1878)

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