El jardín de Teo

La semana pasada, Ángeles Carnacea habló de jardines en su columna sonora para “Contraportada”. Me ha dado algo de envidia y yo también quiero meterme mi poco de jardín. En concreto quiero meterme en el jardín de las identidades y si no de las lenguas sí de los acentos.

Hace ya mucho años, me entrevistaron en la radio. Fue antes de esta crisis e incluso de la crisis de 2008. De hecho, enviaron un taxi para que me llevara al estudio. En esa época, pasaban cosas así. Supongo que ya nunca veremos nada parecido. Pero, a lo que iba, me entrevistaron en la radio e incluso hubo gente que me escuchó. Una de esas personas me dijo, para mi horror, que le había gustado la entrevista peeeero que se me había notado mucho que me había esforzado para que no se me notara el acento murciano.

Me molestó no ser capaz de disimular lo suficiente para que no se me notara nada el acento murciano. Tengo al menos cuatro apellidos murcianos pero eso no hace que me guste nuestro acento. No pretendo emitir ningún juicio de valor sobre el mismo solo señalar que a mí no me gusta.

Uno de los tuits más gracioso que he leído en los últimos meses es uno que dice que, ahora con la mascarilla, los murcianos no nos entendemos ni entre nosotros. Y es que otra de las cosas que me pasan es que no me molestan los chistes sobre Murcia.

Así las cosas, cuando el vicepresidente segundo le dijo a Teodoro García en el Congreso de los Diputados que hiciera un esfuerzo por vocalizar porque le había costado entenderle, pues, sinceramente, me hizo gracia.

Menos gracia me hizo cuando el senador murciano Miguel Sánchez, de Ciudadanos, habló en panocho en el Senado. No por el panocho sino por la hipocresía permanente de algunos, algunos, representantes políticos. Ciudadanos solo hace bandera del nacionalismo español y ataca furibundamente al resto. Pero, acho, de repente, tienen la ocurrencia de apuntarse al nacionalismo murciano porque nuestra identidad fue agraviada en el Congreso de los Diputados.

¿Cómo va la cosa? ¿Mal que haya traducción para el gallego, el catalán o el euskera pero bien que lo haya para el panocho? ¿Un comentario que, vale, es verdad, puede caer en el juego sucio, es suficiente para sentirse ofendidos y reclamar lo nuestro desde un estrado? ¿Cómo deberíamos sentirnos entonces si los golpes y las palizas del 1 de octubre hubieran sido en Murcia? ¿Deberíamos hablar en panocho a todas horas, en todas partes? ¿Mal meterse con el acento de Teodoro porque es de los nuestros pero bien con el de ministra María Jesús Montero porque es de los otros y su acento andaluz es “ordinario y vulgar”?

Sucede que las cosas suelen ser mucho más complejas de lo que algunos, algunos políticos, pretenden convencernos.

El tema de los acentos, por ejemplo, merece alguna vuelta de tuerca más. Los medios de comunicación suelen ser espacios de homogeneización de la lengua. Desde ellos se modela según un criterio único. Los acentos tienen poco sitio en los informativos, por ejemplo. Sin embargo, hace unos años, la BBC descubrió que en muchos lugares de Escocia o de Irlanda estaban dejando de escucharla porque nadie se sentía identificada con el acento monótono y algo estirado de las locutoras y locutores. Aquí ya hay algunas voces que reclaman la riqueza de los acentos también en la tele y en la radio como es el caso de la lingüista Elena Álvarez Mellado.

Y ya para terminar, debo reconocer que yo tampoco entiendo a Teodoro García. Y no es por su acento ni por las mascarilla sino por las cosas que dice. Cosas como que el gobierno de la Comunidad de Madrid que preside Isabel Díaz Ayuso es un ejemplo de lealtad para luchar contra el virus. No importa el acento con el que se digan algunas barbaridades, siguen siendo barbaridades. 


Este texto fue mi columna de opinión para el programa de Onda Regional, «Contraportada» (15 de octubre de 2020). Puedes escucharla clicando en la imagen de abajo.

federico montalban en onda regional

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