El hogar como coworking

Esto no es una guerra. Los argumentos que me conducen a la afirmación anterior revolotean por ahí adentro pero no atino a fijar ninguno. Creo que es porque me molesta tanto la comparación que los razonamientos se mantienen en un plano secundario. Como medusas escurridizas.

No todo es la guerra

No soy un experto en guerras. Pero no veo a personas matando personas. No veo a miles de muchachos lanzados a la masacre porque la victoria se consigue a base de acumular cadáveres. No veo que la destrucción sea lo que esté moviendo a la ciencia: no sé qué nombres tendrán los proyectos que buscan la vacuna contra el COVID-19 pero no se llaman Manhattan.

Los enfermeros no son soldados. Las científicas no son soldados. Las riders no son soldados. Los reponedores de las tiendas no son soldados. Las técnicas de telecomunicaciones no son soldados. Y etcétera.

Entiendo que la analogía es sencilla y lo simple siempre ha sido atractivo desde el punto de vista de la comunicación. Tal vez por esa tendencia absurda de pensar que el que escucha es más tonto que el que habla. Nos gusta mirarnos por encima del hombro.

Pero hay muchas formas de luchar, muchas formas de resistir. No todas son la guerra.

CO-VID-19 / CO-WORKING

Hoy comienzan las vacaciones de semana santa.

El calendario, y ahora os hablo como poeta, siempre me ha parecido fuente de inspiración. Es una forma, hasta cierto punto material, palpable, de hablar del tiempo. Arrancar hojas, tachar días, señalar fechas. Ahora, el calendario dice que estamos de vacaciones pero la puerta seguirá cerrada.

En todo caso, los hijos no tendrán clase por videoconferencia ni tendrán que subir trabajos a ninguna plataforma educativa. Creo. Y digo creo porque tienen alguna profesora y profesor al que le está costando medir los esfuerzos que pide a las criaturas.

Esta mañana, por tanto, nuestra casa no será lo que ha sido estas últimas semanas: un coworking en el que era complicado encontrar un sitio en el que tener una conversación tranquila o en el que, si te descuidabas, te quedabas sin puesto de trabajo.

Son varias las derivadas de esta nueva creación del coronamundo: el hogar que es a la vez espacio de trabajo y estudio. Pero van a quedar para mejor ocasión.

Sí quiero señalar que para que simultáneamente dos personas puedan teletrabajar y dos estudiar, se deben cumplir una cantidad de requisitos que, es fácil darse cuenta, no se cumplen en cualquier casa.

El virus no discrimina. Cualquier puede acabar contagiado. Pero, la pandemia es una causa natural actuando en un mundo social. Las consecuencias, por tanto, no se reparten por igual.


Imagen: Ernst Haeckel Discomedusae Jellyfish Illustrations.

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