Efecto Rockwell

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Creo que la primera vez que me noté el efecto Rockwell fue en las postrimerías (sic) de mi adolescencia, cuando me dio por la novela rusa del XIX. La doble vara de medir de mi interior liquidó todos los inconvenientes y convirtió al estudiante nihilista que vestía ropas raídas y malvivía en una pensión en mi ideal de vida. El San Petersburgo frío y nevado, una utopía inalcanzable.

Lo anterior no resistiría ni media asalto con la razón o el pragmatismo. ¿Ropa raída, pensiones de mala muerte, calles resbaladizas por la nieve, amores imposibles? ¿Quién en su sano juicio querría algo así? Dar por hecho que el juicio esté sano puede ser dar mucho por hecho.

Creo que fue Alex Cooper el que en una entrevista dijo que no tenía sentido idealizar el Swimging London. Que la juventud de Dave Davies fue miserable como lo es vivir pasando frío y penurias. Por muchos riffs maravillosos que compongas con agujas de tejer.

Siempre habrá distancia entre lo que tenemos y lo que deseamos. Entre la vida que consideramos que nos corresponde y la que nos ha tocado vivir. Y es en esa grieta en la que arraiga el deseo de un mundo distinto. Ese deseo se puede proyectar hacia el pasado, las noches blancas rusas, o hacia el futuro, no sé, como en la serie de Los Supersónicos.

efecto rockwell

Hay que llevar cuidado en cómo proyectamos porque, a la que nos descuidemos, nos podemos convertir en fascistas de tomo y lomo. Make America Great Again podría ser un claro ejemplo. Cualquier tiempo pasado fue mejor y queremos imponerle al presente esa visión idealizada, falsa por tanto, de lo que algún día nunca fue.

«Maybe as I grew up and found the world wasn’t the perfect place I had thought it to be, I unconsciously decided that if it wasn’t an ideal world, it should be, and so painted only the ideal aspects of it.» El arte habla con lenguajes peculiares del día a día de cualquiera de nosotras. ¿Quién no ha descubierto al hacerse mayor que el mundo no era tan bueno como una vez pensamos? ¿Quién no decidió de forma inconsciente que aquello debería ser un error, que el mundo sí tiene que ser bueno y cómodo? ¿Quién no lo pintaría maravilloso si así pudiera?

La frase anterior es de Norman Rockwell. Pintor pop antes del pop. Publicista. Ilustrador. Culpable de defender los valores tradicionales americanos. Pero, echad un vistazo en vuestro interior, ¿quién no querría vivir en una familia funcional, en un adosado o una casa con jardín y piscina, con un trabajo perfecto, fines de semana de picnics y paseos, veladas de teleseries emocionantes, hijos sanos y satisfechos, felicidad por doquier? Si lo anterior pudiera universalizarse y sostenerse, sería perfecto, por mucho que el arquitecto le explicara a Neo al final de Matrix Reloaded que la humanidad no soporta vivir en la utopía. Por mucho que Freud dijera aquello de que no hay nada más difícil de soportar que la sucesión de varios días felices.

He usado el filtro Rockwell para idealizar el pasado más veces de las que puedo recordar. Hay algo en mi insatisfacción cotidiana que tiende a saltar al pasado en busca de refugio.

Yo, como diría Parade, soy de los que dice «Patrulla X» en vez de «X Men». Sin embargo, algo palpita por ahí dentro cuando leo algún tebeo de la JSA. Como si la posibilidad de viajar a la década de los cuarenta (del siglo pasado) con the Mistery Men me salvara de la pesadez y aburrimiento del presente.

En casa salimos a capítulo de serie por día. Desde Chernobyl a The Mandalorian. Pero si pudiera teletransportarme a algún sitio, sería a cualquier capítulo de Mad Men, aunque me tocara ser un copywriter amargado y muerto de hambre.

Teníamos entradas para el WARM y para el Mad Cool (o tenemos, yo qué sé ya). Pero iba a llevar a la tintorería mi Harrington antes del concierto de Madness en la plaza de toros de Murcia, aunque en junio no hay quien se ponga una Harrington en esta ciudad.

norman rockwell

Cualquier tiempo pasado no fue necesariamente mejor. Y las trampas de la memoria son de sobra conocidas. Dejamos lo malo atrás y atesoramos lo bueno. Y creo sinceramente que hacemos eso porque en el fondo somos buena gente. Pero todo lo anterior no impide que ahora mismo lo que más me interesa de Disney+ sean los primeros cortos animados de Goofy o el Pato Donald.

La coyuntura no ayuda para que pueda quitarme de este vicio que no lleva a ningún sitio. Tenía muchos planes para el futuro. Planes pequeños e íntimos. Planes inmensos y universales. Estos planes, por supuesto sobredimensionados por mi tendencia a hacer de la lechera del cuento, se han quedado flotando en gravedad cero. El calendario apenas se mueve como un barco al pairo. Pienso en el verano y solo veo la estática que interrumpía las emisiones de la UHF.

No sé pintar. Si pudiera, creo que empezaría una serie de cuadros sobre lo feliz que era todo antes de la pandemia (sin traza alguna de fascismo, eso sí que sí). A veces, me disculparéis, necesito estar ciego ante la evidencia.


Imágenes: detalles de obras de Norman Rockwell.

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