El efecto backfire: deja de discutir por WhatsApp

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El efecto backfire es uno de los llamados sesgos del conocimiento. Es decir, es un efecto que nos lleva a conocer la realidad a través de nuestros gustos, nuestras creencias previas, nuestra personalidad.

Este artículo propone una explicación de este efecto y algunas aplicaciones prácticas a la hora de tenerlo en cuenta en dinámicas de desinformación.

Efecto backfire en Irak y en la consulta pediátrica

El efecto backfire tiene una traducción complicada al castellano. Una opción aceptable podría ser «contraproducente” o, si se opta por una traducción más libre: “salir el tiro por la culata”. De la misma forma que los intentos de censura pueden actuar como altavoz de aquello que se quiere ocultar, algunos intentos de confrontar una opinión con datos contrarios puede servir tan solo para que dicha opinión se refuerza. De eso trata el backfire effect.

Irak fue invadida bajo el argumento de que el régimen de Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Estas armas no se encontraron pero, para muchas de las personas que apoyaron esa invasión, no se encontraron porque Hussein estuvo a tiempo de destruirlas antes de la ocupación militar. No importa que no haya evidencias de esto último porque creerlo nos evitar aceptar que defendimos una guerra a partir de mentiras.

Lo mismo suele pasar con aquellas madres y padres contrarios a la vacunación. Cuanta más información reciben sobre los beneficios de las vacunas, más se resisten a aceptarlo y más se enrocan en sus posiciones. Este aspecto resulta especialmente crítico dada la coyuntura actual.

efecto backfire en texto 1

Los mitos que resisten los datos

Nyhan y Reifler dedicaron una investigación a cómo cambiar las convicciones previas sobre las vacunas. En el estudio, publicado en enero de 2015, encontraron que hasta un 43% de la población daba por supuesto que la vacuna de la gripe te hacía enfermar de gripe. Así que, evaluaron los efectos de una intervención diseñada para combatir este mito, dar información sobre la seguridad de la vacuna y motivar para futuras vacunaciones.

Los resultados mostraron que la información ofrecida redujo el mito de que la vacuna de la gripe provoca gripe. Igualmente, se redujeron las preocupaciones acerca de la seguridad de la misma. Sin embargo, aquellas personas que llegaron a la intervención con altos niveles de desconfianza hacia la vacuna, salieron más convencidas, si cabe, de que no se iban a vacunar. 

Estos resultados eran consistentes con los encontrados en estudios similares y sugerían, según Nyhan y Reifler, que corregir los mitos usando solo información acerca de las vacunas no es la mejor manera de promover su uso.

La subjetividad inevitable

La cursiva anterior no es inocente. No nos gusta que nos corrijan. Y es un disgusto que va más allá del honor o de la vergüenza. Es un disgusto que cala en los huesos y que llega hasta nuestra misma esencia. Reconocer que hemos ido por la vida con convicciones erróneas es poco menos que decir que hemos ido por la vida siendo la persona equivocada. Por eso, preferimos hacer oídos sordos a los datos, a los hechos, a los argumentos ajenos y aferrarnos a lo que ya fuimos para seguir siendo lo mismo.

Esos son algunos de los mecanimos que se activan a través de efecto backfire. Este efecto se encuadra como uno de los sesgos del conocimiento. Es decir, como una de las tendencias humanas a conocer el mundo a partir de nuestra subjetividad. Y ya puede tirar la primera piedra quien esté libre de pecado.

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Usos prácticas frente al efecto backfire

Llegando finalmente a las cuestiones prácticas, habrá que intentar que el tiro no nos salga por la culata a la hora de establecer un diálogo con alguien que difunda bulos o tome decisiones a partir de informaciones falsas. 

Una buena forma de comenzar ese diálogo es procurando que sea efectivamente un diálogo. Convencer no es dialogar. Pensar que la razón está solo de un lado, tampoco. 

No llevar al asunto a lo personal será, por tanto, determinante. No se habla de mi valía personal frente a la tuya. Comparamos ideas y vemos cómo se comportan la una frente a la otra.

En ese sentido, las preguntas pueden ser la manera perfecta para que la conversación se produzca. Las preguntas atinadas nos pueden poner ante la evidencia de que no tenemos respuestas o de que, una vez escuchada la respuesta en voz alta, no nos ha gustado.  

Un comentario final. Algunas aportaciones alrededor del backfire effect sostienen que tiene poco sentido entablar estas conversaciones a través de las redes sociales (WhatsApp, por cierto, debería contarse como una de ellas). En las redes, la conversación, si es que lo fue en algún momento, deriva pronto en un enfrentamiento en el que ambas partes pueden acabar arrojándose a la cabeza toda clase de links, vídeos y memes que solo servirán para que cada cual salga más convencido de lo suyo de como entró.


Imágenes (por orden de aparición»:

El gran incendio de Londres (Anónimo, 1675)

El gran incendio de Salem (Andreas Brugger, 1697)

Incendio en un pueblo (Barbara Regina Dietzsch y Christoph Ludwig Agricola, siglo XVII)

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